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viernes, 21 de febrero de 2014

Sobre la ideología de la no-discriminación (6)


NO al Nuevo Orden Mundial.
1 septiembre, 2012 |

“Qué hay detrás…”: Equívocos actuales en las filas católicas (VIII)

8. Equívocos actuales en las filas católicas

Pronunciar la palabra es cosa seria. No únicamente por las implicaciones morales que hemos desarrollado, sino además porque toda palabra, en el fondo, es una participación de Otra Palabra superior. Y si la perfección de la palabra está en tender siempre hacia su máxima conformidad con La Palabra, el lenguaje humano no puede volverse deliberadamente equívoco, no puede convertirse intencionadamente en confusión, en ambigüedad, en constantes elipsis.
La advertencia de Nuestro Señor es clara: Os digo, que de toda palabra ociosa que se diga se deberá dar cuenta en el día del juicio (Mt. 12, 36).
Por estos motivos, fueron gravemente erróneas y engañosas algunas de las declaraciones que tuvieron circulación al respecto, aún cuando pretendieron “oponerse” a la legalización de este proyecto. Veámoslas.
La Comisión Ejecutiva de la CEA (Conferencia Episcopal Argentina) emitió un comunicado encabezado como sigue: “La heterosexualidad como requisito para el matrimonio no es discriminar”. Allí podemos leer:
“Afirmar la heterosexualidad como requisito para el matrimonio no es discriminar, sino partir de una nota objetiva que es su presupuesto”.
Estará muy bien “partir de una nota objetiva”, presupuesto del matrimonio; es correcto tomar como punto de inicio la realidad objetiva, independiente de nuestra subjetividad. Pero la Conferencia Episcopal yerra gravemente pretendiendo que esta toma de posición no sea denominada discriminatoria.
En vez de enseñarnos que no toda discriminación es ilegítima; en vez de declarar que discriminares un acto que realiza la inteligencia; en lugar de denunciar que son los que moran en la oscuridad los que no quieren que se discrimine, porque ella aquí equivale a luz; en vez de esto, la CEA pretende solamente eludir la adjetivación, sin atacar las verdaderas causas y motivos de fondo que están haciendo posible el avance del lobby “gay”.
Como si la guerra de las palabras no tuviese lugar hoy día, la declaración hace uso de argumentos típicos del pensamiento pro “gay”. Para remediar esta confusión, repitamos que un término utilizado tramposamente no debe admitirse:
“Aceptar un término para su empleo habitual es aceptar una idea, por más que el sujeto la rechace inicialmente en su plano intelectivo. La utilización de un código expresivo –un lenguaje– es ya de por sí abrirse a toda la carga de sentido y actitud que encierra como producto cultural. Las palabras adquieren en su seno un sentido que no tendrían aisladamente o en otro contexto mental”29 .
Lamentablemente, la confusión se extiende aún más: indebidamente es asociado el hecho de no discriminar con la actitud –correcta– de “partir de notas objetivas”, haciendo pasar estas dos ideas como enlazadas. El sentido de la oración es que una lleva a la otra, cuando no es así. Al contrario: porque partimos de notas objetivas –y no a pesar de–discriminamos con plena justicia.
Luego de observar la irregularidad en la cuestión puramente jurídica y formal, la Jerarquía expresó:
“A esto se agrega que el Jefe de Gobierno, en una decisión política que sorprende, no haya permitido la apelación de dicha sentencia absolutamente ilegal, para dar un debate más prolongado y profundo sobre una cuestión de tamaña trascendencia. Esto constituye un signo de grave ligereza y sienta un serio antecedente legislativo para nuestro país y para toda Latinoamérica”.
Leamos bien. ¿Se nos está diciendo que con debate prolongado y profundo, la norma es menos mala? ¿Sin debate, la norma es menos buena? ¿Qué hay que debatir aquí?
Es cierto que el comunicado hace aclaraciones etimológicas cuando dice “La palabra «matrimonio» alude justamente, a esa calidad legítima de «madre» que la mujer adquiere a través de la unión matrimonial”; pero justamente por ello, resulta desconcertante que hacia el final de la declaración –que se limita a decir pocas, muy pocas cosas entre las muchas que se podría, que no ataca ni denuncia al lobby “gay” ni a los organismos que defienden y fomentan esta perversión– se invoque la autoridad de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana de los Derecho Humanos:
“esta decisión de la jueza de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires podría considerarse contraria a distintos tratados internacionales con jerarquía constitucional desde 1994…”30 .
¿Acaso no tenemos una legitimidad y autoridad propias, por encima de la puramente humana, que se funda en la Ley Natural? ¿Acaso los católicos debemos apelar a la farsa ideológica de los DDHH? ¿Por qué juzgar “la decisión de la jueza” desde los postulados derecho-humanistas, y no desde los postulados católicos del derecho? ¿Por qué hablar en clave antropocéntrica y no teocéntrica?
Si nuestros pastores no hablan desde la óptica católica, desde los fundamentos católicos a propósito de estos sucesos; si en definitiva no hablan en tanto católicos, ¿cuándo y en qué circunstancias lo harán? ¿Por qué se busca un “terreno común” con los adversarios (perdón por la palabra) y nunca se habla desde las posiciones propias?
Pero ahondemos aún más nuestro análisis: estos tratados internacionales, ¿no podrían cambiar acaso? ¿No están sujetos al arbitrio y conveniencia de los hombres? El día que cambien, este argumento dejará de existir, perderá su fuerza, si es que hoy tiene alguna. Todo esto sin mencionar la pérdida de la soberanía jurídica de una Nación que se somete a leyes extranjeras. De ahí que nos hacemos la pregunta: ¿Por qué argüir solamente con argumentos mudables y no desde la inconmovible roca de la Verdad? ¿Por qué reprobar el seudo matrimonio fundándonos en aquello que cambia constantemente, y no en aquello que permanece inmutable?
El otro argumento, repetido muchas veces, es el atribuir una ilegitimidad al “matrimonio” entre homosexuales aduciendo un respaldo minoritario al mismo. Se suele decir que quienes promueven este proyecto “no representan” el “sentir común de la población”, que son “una minoría dentro de una minoría”, resultando por ende que un proyecto emanado de este sector, no debería ser tomado en cuenta.
Distingamos antes algo.
Si el argumento anterior pretende mostrar que una vez legalizado el seudo matrimonio sólo una ínfima porción de los homosexuales se “casa”, resultando por tanto un pretexto la búsqueda del mismo, este argumento es legítimo porque desenmascara los verdaderos objetivos de los activistas: redefinir el matrimonio. Aquí es de enorme provecho releer la mencionada cita de Signorile.
Pero si implica pronunciarse en nombre de las mayorías; si el argumento se adjudica una legitimidad emanada de la cantidad, el argumento es claramente falso.
No subestimemos el examen de las palabras. No faltan páginas webs que se dedican a refutar prolijamente estos argumentos enclenques, resultando por tanto un deber el defender el Orden Natural de la mejor manera posible.
Estos argumentos aquí examinados, por sí solos, admiten un fácil contragolpe. Son ciertamente replicables y, en estricta lógica, nos llevan a la contradicción. De ahí que debamos repasar las palabras de Amerio al respecto: “convendría tener reparos, temor, pavor a la contradicción”.
Aquellas declaraciones que estamos sondeando carecen de la fuerza máxima de la que podrían ser capaces si adoptaran la máxima oposición. La argumentación debe ser a todo o nada, sin términos medios, incondicional: exactamente como la de los activistas de la revolución permanente. Cualquier elipsis, efugio, titubeo expresivo o argumentativo sólo sirve para evidenciar nuestra confusión o –peor aún– temor mundano ante los feroces enemigos de Dios y del orden establecido por Él.
Ellos sólo temen a quienes no les temen.

29 Rafael Gambra. El lenguaje…, ídem, pág. 23.
30 www.aica.org/index.php?module=displaystory&story_id=19319&format=html. Visto el 23 de junio de 2010.
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4 septiembre, 2012 |

“Qué hay detrás…”: Pensamiento pugnativo o argumentación endeble (IX)

9. Pensamiento pugnativo o argumentación endeble

Parece que nos vamos de tema pero volveremos enseguida.
Uno de los elogios más gratos que Chesterton le hace a Santo Tomás de Aquino, tiene lugar cuando comenta su personalidad. En el libro homónimo, a la altura del capítulo V, describe su fisonomía. Se admira, sorprende y elogia. Claro está que Chesterton puede hacer todo esto debido a su connaturalidad con el santo. Por eso, cuando describe sus ojos, dice que: “Hay en ellos un fuego de excitación inmediato; son vivos y muy italianos”. Y luego pasará a describir el interior del Angélico, la fuerza vital que recorría sus entrañas:
“El hombre está pensando acerca de algo, y algo que ha llegado a una crisis, no acerca de nada o acerca de alguna cosa, o, lo que es peor, acerca de todas las cosas”.
Ese torbellino interno en el alma de Santo Tomás, Chesterton lo resalta respecto de la conocida anécdota en la mesa de San Luis, monarca de Francia:
“Debió de haber esa ardiente vigilancia en sus ojos en el momento antes de herir la mesa y asustar a los comensales del rey”31 .
Era toda una vida interior la que nuestro converso inglés retrata en magníficas pinceladas. Y así, luego de elogiar profusamente la cantidad y calidad de su obra, declara:
“Probablemente no lo hubiera logrado si no hubiera estado pensando incluso cuando no escribía; pero, por sobre todo, pensando pugnativamente. Esto, en su caso, no quiere decir amarga o despectivamente, sin caridad, sino combativamente”32 .
Volvamos –ahora sí– a nuestro tema.
El error de ciertas declaraciones que pretenden oponerse al “matrimonio” entre homosexuales consiste en argumentar desde dentro de los axiomas engañosos, origen de las confusiones, objetando las consecuencias sin renunciar a los principios de los cuales emanan. Al hacerlo, aceptan tácitamente el contrabando ideológico, cómodo mientras permanece enmascarado. No debe admitirse el planteo del enemigo para, luego –bajo pretextos “tácticos”–, intentar eludir su ataque según sus mismas reglas.
El abandono de estos argumentos es urgente. Nosotros creemos avanzar porque no hemos sido refutados según sus propios criterios; cuando en realidad son ellos los que avanzan cuando consiguen que hablemos como ellos quieren que se hable.
Nosotros pretendemos llevarlos a la contradicción, sin advertir que ellos se hunden hasta la náusea en ella. Creemos replicarles y, en realidad, abandonamos nuestra semántica. Su mayor victoria consiste en que hagamos un uso ya peyorativo ya ponderativo de las palabras que ellos descalifican o aprueban. Cuánta razón tenía Santo Tomás de Aquino cuando repitió en la Suma aquellas palabras de San Jerónimo:
“con los herejes no debemos tener en común ni siquiera las palabras, para que no dé la impresión de que favorecemos su error”33 .
Las observaciones de Romano Amerio al respecto de este lenguaje son sencillamente brillantes:
“no basta mantener verbalmente una cosa, si después se pretende hacerla coexistir intacta con otra cosa que la destruye”34 .
No basta protestar verbalmente contra el seudo matrimonio y condenar la palabra discriminación.
No basta defender verbalmente la institución familiar como algo intangible y luego hablar en nombre de la mayoría.
Terminamos debilitando y suavizando la oposición a esta ley injusta. La Escritura dice claramente que un reino dividido no podrá subsistir. Todos los que impugnamos esta legalidad debemos mantener una coherencia y unidad del discurso: unidad en la verdad.
Así se vacía el lenguaje, la palabra y su significación: cuando el carácter contradictorio de las afirmaciones queda mitigado por la mixtura intelectual de quien osa colocar una verdad y un error en un mismo planteamiento:
“La verdadera sabiduría tiende a unir. La sabiduría del mundo tiende a amalgamar elementos que no pueden unirse, y, cuando ve que los tiene yuxtapuestos, cree que los ha fundido. Desde el punto en que dos elementos coexisten, el mundo imagina que están unidos.
El hombre de mundo no teme hacer daño. Pero teme chocar. No conoce las armonías, pero sí las conveniencias”35 .
El verdadero camino para oponerse a esta ideología pasa por restaurar el hábito noble y diferenciador de las palabras. No hay que demostrar que el Orden Natural no es discriminatorio: hay que demostrar que no toda discriminación es, en sí misma, injusta.
No retrocedamos ni un centímetro. Cada palabra debe convertirse en un alcázar. Ya sabemos que mientras menos definición tenga el discurso, a más personas puede llegar. Pero mientras menos perfil tenga nuestra palabra, mayor será la confusión que instale. Un auditorio amplio nos hace sentir tranquilos, pero desde ahí no podremos defender la verdad entera. Por eso Gómez Dávila decía:
“Para huir de esta cárcel, hay que aprender a no pactar con sus indiscutibles comodidades”.

31 Santo Tomás de Aquino, Buenos Aires, Espasa-Calpe Argentina, 1937, pág. 112.
32 Ídem, pág. 115.
33 Suma Teológica, III, q. 16, art. 8, corpus.
34 http://casadesarto.blogspot.com/2004/09/romano-amerio-y-el-divorcio.html . Visto el 9 de julio de 2010.
35 Ernest Hello. El hombre…, ídem, pág. 109.
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 Desde Tradición Digital
7 septiembre, 2012 |

“Qué hay detrás…”: ¿Qué pensar de la alternativa del plebiscito? (X)

10. ¿Qué pensar de la alternativa del plebiscito?

Vayamos al tema del plebiscito, pedido a fines de mes de julio por la jerarquía de la Iglesia, por boca de Monseñor Antonio Marino.
“He conversado con varios senadores para presentarles la postura de la Iglesia y muchos admiten que coinciden con nuestra posición y están de acuerdo…, pero después aparece el realismo político y terminan apoyando la ley…”.
Y ante tal perspectiva, nos lanza su solución. La convocatoria a un plebiscito sería “una vía más razonable que la seguida por los legisladores, muchos de los cuales actúan bajo presión”. Reclamó, así, “más tiempo para una decisión más sana”.
“Llama mucho la atención que en momentos en que la sociedad está afectada y preocupada por el índice de inflación, la inseguridad, la desocupación y el drama de la droga, entre otros graves problemas, se fije como prioridad legislativa este tipo de leyes”.
FAMPAZ ya lo había propuesto el 2 de junio36 ; antes, el arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, como reseña AICA el 12 de mayo37 . Su argumento fue:
“Se pretende imponer una decisión que parece superar la responsabilidad de nuestros representantes ya que las consecuencias de la misma son tan graves que necesitan, por lo menos, ser consultadas a la comunidad”.
La propuesta plebiscitaria elude la hipótesis de conflicto. Ahora bien, la Iglesia debe pensar católicamente. El orden natural no se plebiscita. Debe ser defendido. ¿Cómo es posible que se proponga rifar la verdad?
La propuesta plebiscitaria comporta una confusión incluyo mayor que la vertida por otro sacerdote, Nicolás Alessio, que sin concesiones defendió en los medios de comunicación el “matrimonio igualitario”. El desdichado Alessio –puesto que está violando la ley de Dios– ha dicho lo que realmente piensa. Se juega a una sola carta, sin simular y sabiendo que todo católico bien nacido condenará fuertemente su nombre como ciego que guía a otro ciego. Pero pedir un plebiscito es indigno: implica que estamos efectivamente en contra de la ley, pero que no animándonos a decirlo, deseamos que tal decisión recaiga en la mayoría anónima.
Por vía de posibilidad, como del plebiscito puede salir cualquier cosa, la Iglesia al pedirlo está colocando mansamente el cogote en la guillotina de sus enemigos: “acepto lo que la mayoría diga, resulte lo que resulte”. Ahora bien, ¿qué impedirá que mañana, cuando se discuta el aborto, los homicidas del niño por nacer pidan el plebiscito? ¿Qué diremos entonces? ¿Y si piden plebiscito por la educación sexual, la anticoncepción? ¿Alguien quiere plebiscitar algo más?
Algo de este retruécano del argumento plebiscitario lo manifestó el mismo Alex Freire, activista pro “gay”:
“Los derechos humanos no se plebiscitan. Sino, con ese criterio, que convoquen a un plebiscito y le pregunten a la gente si quiere seguir financiando con sus impuestos a la Iglesia Católica”38 .
Sólo proponer el plebiscito revela pensamiento endeble. Advirtamos no obstante la coherencia de los destructores del Orden Natural. La desventurada María Rachid también dijo al respecto que
“los derechos humanos no se plebiscitan”39 .
Diana Maffia afirmó, tal como lo recoge su propia página web:
“Sabemos que hay grupos que quieren hacernos plebiscitar derechos. Y yo pregunto: ¿se puede plebiscitar la igualdad? ¿se puede plebiscitar la libertad? Pues no, ya tenemos derecho a ser libres y a amar a quien una/o quiera”40 .
Alguno podrá argumentar que estas arpías dicen esto porque saben que perderían, pero que no tendrían ningún escrúpulo en plebiscitar si contaran con la certeza de victoria. Sin embargo, no perdamos de vista el punto. Independientemente de lo que piensen, se animan a decir algo que debería estar en la boca de los que repudiamos el seudo matrimonio: HAY COSAS QUE NO ESTÁN SUJETAS A LA SOBERANÍA POPULAR.
Lo mismo se diga de los judíos y los protestantes. También ellos han tomado la delantera con un discurso más contundente. Un rabino dijo que es “un escándalo espiritual” que el Congreso argentino debata esta ley: dijo que la debata, no que la apruebe.
El hebreo advirtió que con esta ley se pone en peligro el futuro porque “la creación del mundo fue para que hagamos un matrimonio para producir esta naturalidad del mundo y no se puede ir contra eso”41 . Y luego se animó a citar el Talmud en el medio de la atmósfera laicista. El rabino sí habla “en nombre de Dios”, aunque no reconoce al verdadero, Jesucristo.
Los católicos no.
A través del boletín Notivida42 , tenemos noticia también de las declaraciones de los protestantes. Ellos han afirmado que “pasar por alto la ley de Dios es el comienzo de la desintegración de una Nación”; no tuvieron empacho ni vergüenza en citar las sagradas escrituras al afirmar que “si uno toma el Antiguo y Nuevo Testamento” se ve claramente que “Dios previó el matrimonio para varón y mujer”. El texto bíblico, entonces, “no deja posibilidad de que el matrimonio sea otra cosa”, en clara alusión al rabino Daniel Goldman, que minutos antes había adulterado las sagradas escrituras justificando el seudo matrimonio. Incluso, los protestantes se pronunciaron en estos términos: “el matrimonio es el signo de la unión entre Cristo y su Iglesia”, concluyendo con una afirmación llena de énfasis:
“Yo sólo puedo bendecir lo que Dios bendice”.
El punto máximo de intensidad en sus palabras fue el siguiente:
“La obediencia a ley de Dios trae bendición y su rechazo condenación”43 .
No hemos tenido un ataque de irenismo ni de relativismo religioso, ¡Dios nos libre! sino que solamente señalamos algo digno de tenerse en cuenta. ¿Por qué nosotros estamos obligados a usar todo tipo de argumentos excepto los sobrenaturales, y los demás no?
He aquí la trampa del naturalismo arrojada a los católicos, en el nombre de la “estrategia”.
Tal vez alguno pensará que da lo mismo cómo o en nombre de qué uno se opone al seudo matrimonio; que lo importante es que se oponga, no importa cómo, no importa de qué manera, no importa a qué precio.
¿Seguro que no importa en nombre de qué?
Volvemos al ejemplo del principio. Si los primeros cristianos hubiesen predicado en nombre de “un dios”, alternativo a los ya existentes, no hubiesen sido perseguidos ni arrojados a los leones. Pero no hicieron eso: predicaron al Dios celoso, al Verdadero y Único: Jesucristo.
La fidelidad al logos, que es Dios mismo, el Verbo, la Palabra, nos exige como católicos la pronunciación responsable, pedagógica y testimonial de la verdad conocida. Un destino trágico aguarda a los que ceden frente a las ambiciones de los lobos:
“Las concesiones son los peldaños del patíbulo”.

36 http://www.aica.org/index.php?module=displaystory&story_id=21853&format=html . Visto el 30 de junio de 2010.
37 http://www.aica.org/docs_blanco.php?id=274 . Visto el 3 de julio de 2010.
38 http://www.clarin.com/sociedad/Matrimonio_gay-Iglesia-polemica-plebiscito-acto_0_288571280.html . Visto el 30 de junio de 2010.
39 http://www.amprovincia.com.ar/noticias/detail_noticia.asp?id=21867&seccion=1 . Visto el 30 de junio de 2010.
40 http://dianamaffia.com.ar/?p=5738 . Visto el 30 de junio de 2010.
41 http://aica.org/index.php?module=displaystory&story_id=21453&format=html . Visto el 30 de junio de 2010.
42 www.notivida.org, boletín N° 717.
43 Ídem.

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